
Hoy sábado 4 de abril Chile deberá atrasar sus relojes en una hora para dar inicio al horario de invierno, un ajuste que, aunque parece menor, puede generar distintos efectos en el organismo.
De acuerdo con especialistas del Hospital Clínico y la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, este cambio altera el reloj biológico, provocando una descoordinación interna que impacta el sueño, el estado de ánimo y la alimentación durante los días posteriores.
Entre los síntomas más comunes tras el cambio de hora se encuentran dificultades para dormir, sensación de cansancio, irritabilidad, menor concentración e incluso un aumento del apetito.
El cuerpo queda “desfasado”
Desde la medicina del sueño, la psiquiatra Dra. Rosemarie Fritsch explicó que el organismo funciona sincronizado con los ciclos naturales de luz y oscuridad, a través de un sistema conocido como ritmo circadiano.
Este sistema está regulado por el núcleo supraquiasmático, una estructura cerebral que coordina funciones esenciales como el sueño, la digestión y la liberación de hormonas.
Sin embargo, cuando se modifica la hora de manera abrupta, esa sincronía se rompe.
“El reloj social cambia de inmediato, pero la biología necesita tiempo para ajustarse, generando una desincronización que afecta la calidad del sueño y el funcionamiento diario”, indicó la especialista.
Este fenómeno es conocido como “jet lag social”, ya que el cuerpo reacciona como si hubiese cambiado de zona horaria, pese a no haber desplazamiento.
En la práctica, esto puede provocar despertares anticipados, fatiga durante el día y una sensación de descanso incompleto.
Cambios en el apetito y la energía
El impacto no se limita al descanso. Desde la Universidad de Chile advierten que el sueño actúa como un eje organizador del organismo, por lo que su alteración puede generar efectos en cadena.
El académico Rodrigo Chamorro, del Departamento de Nutrición, explicó que este desajuste afecta las señales de hambre y saciedad, además de modificar la forma en que el cuerpo metaboliza los alimentos.
Esto puede traducirse en:
- Mayor sensación de hambre
- Preferencia por alimentos altos en azúcar o carbohidratos
- Menor energía durante el día
- Cambios en el metabolismo
Además, el especialista enfatizó que el horario de las comidas es clave. “El organismo está preparado para procesar mejor los alimentos durante el día. Si se alteran los horarios, especialmente con cenas tardías, el metabolismo se vuelve menos eficiente”, señaló.
Grupos más afectados
Los efectos del cambio de hora no impactan a todos por igual. Según expertos, los grupos más sensibles son:
- Niños y adolescentes, debido a que su sistema biológico aún está en desarrollo
- Adultos mayores, por su menor capacidad de adaptación
- Personas con trastornos del sueño o salud mental
- Trabajadores con turnos rotativos
En estos casos, la adaptación puede tardar más y generar mayores dificultades en la rutina diaria.
El psiquiatra Pablo Salinas, subdirector del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, indicó que “hay grupos más vulnerables donde estos cambios pueden provocar desajustes importantes en el descanso y la vida cotidiana”.
Cómo enfrentar mejor el cambio
Aunque el organismo suele adaptarse en algunos días, especialistas recomiendan adoptar ciertas medidas para reducir el impacto:
Exponerse a la luz natural en la mañana
Mantener horarios regulares de sueño
Evitar pantallas antes de dormir
Preferir comidas livianas y no atrasar la cena
Limitar el consumo de cafeína en la tarde
Además, se aconseja mantener un desayuno regular y cenar más temprano, ya que ambos momentos son clave para ordenar el apetito y favorecer un mejor descanso.
Un debate que sigue abierto
Desde el mundo científico, cada vez existe mayor consenso en que los cambios de hora no son inocuos. Estudios internacionales han evidenciado que estas modificaciones afectan el sistema circadiano y el rendimiento, reforzando la idea de avanzar hacia un horario estable durante todo el año.
Fuente: Universidad de Chile





