El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a tensionar el escenario internacional tras asegurar que podría tomar el control de Cuba “casi inmediatamente”, en medio de un nuevo paquete de sanciones contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel, según consignó T13.cl.
Las declaraciones fueron emitidas durante una cena política y empresarial organizada por el Forum Club en Florida, donde el mandatario participó como principal expositor. En la instancia, Trump abordó la situación en la isla y sostuvo que, una vez finalizado el conflicto en Irán, podría ordenar que el portaaviones USS Abraham Lincoln se ubique a escasa distancia de la costa cubana.
Desde esa posición —según afirmó— los habitantes de la isla podrían incluso rendirse, en una intervención que generó repercusiones por su tono y contenido.
Endurecimiento de sanciones
El discurso del mandatario se produjo horas después de que su administración anunciara un aumento en las sanciones contra Cuba, afectando principalmente a sectores estratégicos como energía, defensa, minería y servicios financieros.
De acuerdo con la orden ejecutiva firmada por Trump, cualquier persona o empresa que opere en estos sectores o mantenga vínculos con el gobierno cubano arriesga el bloqueo total de sus activos en Estados Unidos.
El documento sostiene que las políticas y acciones del gobierno cubano constituyen una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. Asimismo, indica que estas prácticas no solo perjudican a Estados Unidos, sino que también contradicen los valores de las sociedades democráticas.
Las medidas también alcanzan a empresarios, funcionarios e incluso familiares de quienes participen en actividades sancionadas.
Acusaciones y contexto internacional
En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de países considerados adversarios de Estados Unidos, advirtiendo que esta situación no será tolerada por Washington.
Además, en el Congreso estadounidense, el Senado rechazó una propuesta presentada por el Partido Demócrata que buscaba limitar eventuales operaciones militares que el Presidente pudiera ordenar sobre la isla.
Desde enero, tras la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela en medio de una intervención estadounidense, la Casa Blanca ha intensificado su presión sobre Cuba, incluyendo medidas como un bloqueo petrolero y reiterados llamados a un cambio de régimen.
Complejo escenario para Cuba
Actualmente, la situación en Cuba es considerada adversa para cualquier proceso de negociación. El país enfrenta una profunda crisis económica y energética, con cerca de cuatro meses sin suministro regular de combustible y cortes de electricidad que pueden extenderse hasta por 20 horas diarias.
El pasado 29 de enero, Trump declaró a Cuba como una amenaza “extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos, reforzando la presión política sobre el gobierno de Díaz-Canel.
En este contexto, medios internacionales han informado sobre contactos indirectos entre autoridades estadounidenses y representantes del entorno del exmandatario Raúl Castro. Entre ellos figura Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del líder histórico cubano y actual jefe de seguridad personal, quien estaría involucrado en eventuales conversaciones.
Según reportes de distintos medios, Estados Unidos considera clave la salida del actual presidente cubano como parte de cualquier acuerdo, aunque el poder político en la isla continúa vinculado a la figura de Raúl Castro.
Entre las exigencias planteadas por Washington se encuentran la liberación de presos políticos, la salida de funcionarios vinculados al legado de Fidel Castro y la apertura de la economía, especialmente en áreas como energía, turismo, puertos y explotación de minerales estratégicos como el níquel y el cobalto.
A ello se suma la demanda histórica de indemnización por parte de ciudadanos y empresas estadounidenses por propiedades expropiadas tras la revolución de 1959, cuyo monto se estima en cerca de 9.300 millones de dólares.
Finalmente, trascendió que la estrategia impulsada por la Casa Blanca apuntaría a una transición interna del sistema cubano, combinando presión económica con eventuales aperturas, en un proceso que algunos medios han denominado como “Cubastroika”.





